En mi cama veo dos adolescentes sin ropa, riendo y fumando marihuana. No me miran.
Me angustia esa ocupación, yo siento el cuerpo cansado pero no me siento con derecho a reclamar mi cama.
Me siento muy vieja y agotada, ajena a ese mundo de hierba, sexo, risas.
Miro alrededor, todo está aparentemente ordenado pero al mirar bajo la cama, bajo mi escritorio y en lo rincones, descubro mucha suciedad, manojos de ropa sucia, papeles, posiblemente cartas, abolladas, colillas de cigarrillo...
Sé que no quiero estar ahí. Bajo por la vieja escalera caracol que conducía a mi pieza, pero la escalera es muy profunda y me lleva muchos pisos abajo.
Al descender siento muy ajena la habitación y me pregunto sin palabras ¿cómo pude ir a esa casa si hace tantos años que no es mía...?
Desciendo.
Desde la escalera veo ropas de mi mamá, y se cruzan imágenes de A. y de S.
Desciendo más.
Hay tierra en los escalones y restos de comida. Siento asco, pero desciendo más.
Aparezco en una habitación muy oscura, caliente y húmeda (el cuerpo revive el Temazcal del sábado)
Todo mi ser sabe que dedo entrar.
Transpiro y tengo miedo, pero avanzo a lo profundo de la habitación.
En lo que percibo su centro aparece una luz, la luz se vuelve espejo.
Me veo en él y la imagen que me devuelve me sorprende.
Tengo un intenso brillo en mis ojos. Me veo resplandeciente y luminosa.
Me siento fuerte y sonrío al espejo. Me sonrío.
Una voz dice: "tuviste que descender tanto para llegar al 7º piso"
.
Todo desaparece y se ilumina,
puedo oler la humedad de la piedra,
estoy en una torre muy alta,
y el techo de la torre... no está.
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(intensa recuperación de fuerzas al despertar)